Por Franz Galich
No siempre responde la obra, ya en
práctica, a nuestro pensamiento

teórico. Son más duros los remanentes

del pasado que la conciencia

ideológica. Le he agregado a mi obra

reciente una mejor estructura, más

volumen y, quizás, mejor expresión

política; pero eso no basta, sigue

siendo primitivista y de torpe ejecución.

(David Alfaro Siqueiros)

Llegar a San Marcos, Carazo, no es difícil. Pero llegar a la Granja Hogar de Rehabilitación del Adicto HODERA-ACERPA, donde ingresan los toxinómanos que así lo deseen, sí. Hay que pasar por el Calvario de las drogas (incluyendo el alcohol).

Allí la vida puede parecer dura. Digo puede para aquellas personas que tienen más ordenada su vida. Todo es gratis, pero la disciplina dura. Desandar el camino que los condujo a tocar fondo es extenuante.

Son ocho manzanas de tierra fértil, cultivadas de una gran variedad de frutos para el autosostenimiento de los pacientes. Ellos mismos trabajan.

Y es en medio de este ambiente bucólico (para nosotros, quizás, para los pacientes no, sobre todo en los primeros días, los días de la abstinencia espantosa), es que Ricardo Morales (1950) el pintor managüense, pintó un mural que si bien no viene a renovar la técnica, sí se ocupa de una temática relativamente nueva y busca.

Aclaremos: el tratamiento de las drogas como tema no es nuevo en la plástica nacional, pero en el muralismo sí (por lo menos hasta donde yo conozco), claro, si exceptuamos el graffiti que de alguna manera ya se ha acercado al tema.

Pero en el caso del mural titulado «Sí a la vida, no a la muerte» podemos afirmar, so pena de equivocarme, que existe un deseo de innovación, una especie de búsqueda formal, cosa que no se da con mucha frecuencia en el arte monumental, sobre todo aquí.

Veamos: la obra fue realizado sobre una pared de seis metros de largo por dos de alto, en el edificio que alberga el aula donde los pacientes reciben las charlas que diariamente se imparten. En los muros exteriores.

La pared, que no había sido pensada para mural, tuvo que ser tratada primeramente, limpiada, pulida y tratada para que los materiales colorantes acrílicos, se adhirieran con mayor firmeza.

Luego se procedió a dibujar en directo, trabajo que hicieron varios de los pacientes, con la ayuda de otros estudiantes de la Escuela de Artes Plásticas y la supervisión de Ricardo. Por supuesto que previo existía el dibujo a escala.

Este consiste en ocho personajes que en un primer plano, leyendo de izquierda a derecha, representan a drogadictos, hombres y mujeres en los estados físicos y mentales a que pueden llegar bajo los efectos de la droga, una mujer con un niño en los brazos, huyendo del infierno que tiene que soportar cuando tienen que convivir con estos enfermos.

Siguiendo hacia la derecha vemos una cruz tirada en el suelo, misma que conduce por un pasillo que va a dar a una ventana que resulta ser una cárcel, en ella se encuentra un individuo del cual sólo vemos la cara. La ventana está cerrada con una enorme candado del cual pende una llave.

En la otra pared del pasillo (que ha sido logrado a base de perspectiva, lo mismo que la ventana), vemos otro mural. Es decir, un mural dentro de otro mural, con una serie de figuras que, según el autor, quiere reproducir las figuras de los graffiti, pero no es ésa técnica.

Ahora, las figuras, que son de tamaño natural, están pintadas en colores fríos, mismos que abarca las gamas del verde a la del azul. Esto es para simbolizar el color que han de ver los que han caído bajo el flajelo de la droga. Pero a la vez sirven también, para efectuar un contraste con el entorno natural del edificio. Pero también sirve para simbolizar la esperanza, tanto los verdes como los azules. No olvidemos que Darío y los románticos le asignaron este simbolismo al azul, mismo que posiblemente heredaron de la iconografía medieval, eminentemente religiosa.

Al desplazar la vista sobre las figuras, no podemos dejar de evocar las de los dipsómanos crónicos tumbados por las calles de Managua, en el Oriental, por ejemplo. Tampoco podemos dejar de «ver» a la mujer del «Guernica» de Picasso, que con su hijo entre los brazos huye de los destrozos de la barbarie que significaron las bombas nazis y los destrozos de la barbarie en que sume el uso y abuso de las drogas.

Más adelante, nos encontramos la figura de un joven que se está inyectando «puyando», pero para el efecto el pintor ha incorporado al mural una jeringa de verdad, de proporciones grandes dadas las dimensiones del mural.

Pero el aspecto sobresaliente desde el punto de vista de la innovación y de búsqueda, lo constituye la ventana - cárcel. Lograda a base de perspectiva sobre un boquete verdadero. Se utilizó lámina de zinc oxidada, los barrotes se hicieron con hierro viejo, retorcido y oxidado, soldado. El candado se hizo con pedazos de perlín. La llave y cadena también fue elaborado con materiales de deshecho.

Ahora, el individuo, el paciente, el paria, el enfermo, el drogo, el bueno para nada, fue realizado con barro frotado. Se trata de una máscara sin rasgos de identidad, para universalizarlo, indudablemente. El simbolismo de la cárcel es el estado en el que ha caído el individuo, está privado de su verdadera libertad humana. El candado lo constituye su vicio, pero en él mismo está la llave. Es asunto de que quiera.

Frente a la cárcel, una cruz. El calvario y la esperanza. Cruz que ha sido abandonada por el individuo enfermo, para cargar otra cruz. Pero allí está, esperando, para que la levante, si quiere. Ella está allí para eso, para que alguien la levante y busque otra forma de vida, quizás más auténtica. O por lo menos alejado de tan terrible infierno.

Indudablemente que el muralismo nicaragüense está experimentando una especie de renovación. Como que está adquiriendo los brillos de antaño (ya tan lejanos en la memoria de varios).

A este mural le seguirán otros tres que serán elaborados por «artistas» de la calle, para que no se les considere, por lo menos, por un día, como basura humana, descartables no reciclables (o tal vez, si no de dónde su proliferación?).

El tiempo se encargará de decir si este mural pintado en San Marcos, es un indicio del renacimiento del muralismo en Nicaragua. (Reuters)
¿Será, entonces, lícito pensar en la remota posibilidad de que realmente esté surgiendo un muralismo nuevo en Nicaragua?

El tiempo será el encargado de decirlo. Por de pronto estaremos pendientes de los nuevos murales de este artista que ha decidido dotar de un alma buena, alma a los murales que realizará.